Devocional 3 de Julio 2018

¿POR QUÉ DEBEMOS AMAR A DIOS?


MARCOS 12:28-34 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.


LA MAYORIA DE NOSOTROS ESTAMOS FAMILIARIZADOS con lo que se conoce como el gran mandamiento: amar al Señor con todo nuestro corazón, alma y mente. Sin embargo, ninguno de nosotros se siente apto para esta tarea. Nuestro corazón es inconstante; nuestra alma a menudo está prendada de sí misma y nuestra mente se distrae con facilidad. Tenemos una existencia terrenal que exige nuestro tiempo, atención y energías. El resultado es que, con frecuencia, no nos enfocamos en aquel que es digno de nuestra devoción incondicional.

Entonces ¿Qué podemos hacer para obedecer mejor este Gran Mandamiento?

En cualquier relación, el amor se desarrolla a medida que aprendemos a conocer y apreciar a la otra persona. Por tanto, nuestro lugar de partida para amar a Dios es saber quién es. El Antiguo Testamento proporciona magnificas perspectivas de su naturaleza, poder y amor, pero la imagen más tangible y comprensible que tenemos de Dios es su Hijo. Cuando examinamos el carácter, las palabras y las acciones de Jesucristo en los relatos de los evangelios, percibimos al Padre celestial con mayor claridad.

La segunda razón para amar a Dios es por lo que Él ha hecho. El Señor no es solo nuestro creador sino también nuestro Salvador. Por medio de Cristo, el Padre nos ha salvado de la destrucción eterna. Hemos sido trasladados del dominio de las tinieblas al reino de su Hijo y hechos herederos con Cristo (Col 1:12-13).

REFLEXIÓN:
¿Qué está impidiéndole, buscar, conocer y amar al Señor? ¿Ha apartado tiempo de su apretada agenda para leer la Palabra de Dios y hablar con el en oración? Al hacerlo, descubrirá que es fácil amar a Dios una vez que lo conoce.


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.