Devocional 4 de Julio 2018

EL REGALO DEL AMOR


1 JUAN 4:7-10 7Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.


¿HAY ALGUIEN EN SU VIDA A QUIEN LE RESULTE DIFÍCIL AMAR? En otras palabras, ¿Hay alguien que a pesar, de sus buenas intenciones, esfuerzos y conciencia que usted tiene de cómo debe actuar, le parece imposible demostrarle afecto? Saber que debemos amar no nos hace aptos para la tarea. No obstante, el hecho de ser cristianos no nos abre la puerta para que Dios nos capacite, al derramar su amor en nuestros corazones por medio de su Espíritu que mora en nosotros (Rom5:5)

1 Juan 4:19 dice: “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero”. Que alivio saber que el amor es un regalo de Dios. No es algo que debemos fabricar. Además, el amor que produce en nosotros no es solo para los demás, sino también para Él. Dios está consciente de que no tenemos lo necesario para amarle, a menos que Él nos capacite mediante su Espíritu Santo.

El Señor no nos pide que hagamos algo sin darnos primero lo que necesitamos para obedecerlo. Cuando confiamos en Cristo como Salvador, recibimos no solo el perdón de nuestros pecados y la adopción en la familia de Dios, sino también la capacidad de amar también como Él lo hace. En efecto, su amor en nosotros y a través de nosotros es evidencia de que hemos nacido de Dios y lo conocemos v.7. Cuando nos sometemos a Él, la vida de Cristo se muestra en nosotros por medio de su interés abnegado por los demás.

La segunda razón para amar a Dios es por lo que Él ha hecho. El Señor no es solo nuestro creador sino también nuestro Salvador. Por medio de Cristo, el Padre nos ha salvado de la destrucción eterna. Hemos sido trasladados del dominio de las tinieblas al reino de su Hijo y hechos herederos con Cristo (Col 1:12-13).

REFLEXIÓN:
El Señor ha derramado su amor en nuestros corazones, y tenemos la responsabilidad de hacerlo crecer. Cada persona que nos resulte difícil de amar, es una oportunidad que tenemos para dejar que Dios nos enseñe a amarla. (1Tes 4:9-10). Y cada vez que a prendemos a conocer más al Señor por medio de su Palabra, nuestra adoración a Él aumenta.


Escrito por:
Myriam González de Bohórquez
Docente y Tutora del IBPS

Lo expresado en los "Devocionales" representa la opinión de los escritores y no necesariamente de los directivos.